«La Amazonía es indispensable para salvar al planeta frente a la crisis climática»

«La Amazonía es indispensable para salvar al planeta frente a la crisis climática»

Compartimos la introducción que hace Ismael Vega, director del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica – CAAAP, y miembro del Comité Nacional de MOCICC, en la segunda edición de la «La Amazonía peruana y el cambio climático».

La publicación fue realizada en 2019 por el ecólogo Ernesto Ráez y ha sido actualizado en el apartado final sobre las amenazas existentes en el territorio amazónico. Es una publicación importante para entender el rol de la Cuenca Amazónica frente a la crisis climática.

INTRODUCCIÓN – por Ismael Vega

Más allá de la persistente imagen marcada por el exotismo y la lejanía que se resiste a abandonar el imaginario de la sociedad occidental, actualmente no es posible negar que la Amazonía contiene una compleja diversidad de ríos, especies biológicas, culturas y espiritualidades que la invasión colonial y la injusta historia republicana intentaron vanamente avasallar y expoliar.

Ernesto Ráez, explica con claridad cómo es que estos procesos o espacio-tiempos a los que hace referencia para explicar la Amazonía, han trascendido largamente las nefastas predicciones que depredadores de ayer y ahora hicieron sobre la desaparición de la Amazonía y los pueblos indígenas que la habitan desde tiempos ancestrales. La imagen que lentamente comienza a instalarse en el mundo es de una Amazonía cuyo rol es indispensable para salvar al planeta frente a los graves efectos de la crisis climática que viene enfrentando la humanidad.

Desde el reconocimiento necesario, de las emisiones producidas por los 7.8 millones de hectáreas de bosque deforestado que vienen degradando el bioma amazónico , el estudio de Ráez nos confronta con las causas directas de este escenario como son las carreteras Marginal, Federico Basadre y la IIRSA, la minería ilegal, petróleo, palma aceitera, narcotráfico, tala ilegal. Todo esto sostenido por la nunca superada, débil y muchas veces tóxica presencia del estado con políticas que promueven el extractivismo y los megaproyectos como es el caso de la hidrovía amazónica.

Luego de la constatación, el estudio de Ráez nos lleva a situarnos en escenarios futuros y posibles para la Amazonía como reserva y sumidero de carbono y regulador hidrobiológico. El estudio nos indica que las predicciones están marcadas por una sostenida espiral de pérdida de bosque amazónico, que anuncian un devastador ecosistema de sabanas: “praderas y herbazales con árboles dispersos, y con gran pérdida de biodiversidad, productividad, reservas de carbono, nutrientes esenciales y recursos hídricos”. Un escenario que es urgente detener y cambiar.

En este escenario los pueblos indígenas amazónicos han tenido y tienen un papel fundamental. Sin su relación con el bosque a lo largo de la historia, lo más probable es que no podríamos contar lo que ahora vemos. Está demostrado que los territorios que están bajo su control son los menos deforestados, sin embargo, la historia de despojo territorial que han sufrido, así como la persistente vulneración a sus derechos les da poco margen para enfrentar los efectos del cambio climático y algunas veces los obliga a involucrarse en actividades que lo incrementan. Esto se agrava con las políticas extractivistas que el Estado persiste en promover, así como de las políticas que agravan la inseguridad territorial indígena.

Es urgente incrementar las tierras silvestres protegidas y sus respectivos ecosistemas terrestres y acuáticos. Reparar y remediar los territorios y ríos impactados por la deforestación y degradación. No puede esperar más tiempo el reconocimiento no solo los territorios comunales nuevos y antiguos, la extensión de las comunidades sino también de los territorios integrales de los pueblos indígenas donde ejerzan autogobierno – como lo vienen haciendo algunos pueblos como los Achuar y los Wampis – tal como se establece en las leyes internacionales que el estado peruano ha suscrito y ratificado.

Felizmente al final, luego de advertirnos sobre el peligro posible y real de un escenario baldío y catastrófico, el autor propone que no todo está perdido, que aún es posible mirar con ilusión algunas iniciativas promisorias y que quizás la tempestad actual, de ser atendida con la urgencia que requiere, puede aún prometernos un escenario distinto y esperanzador.

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