Miluska Carhuavilca: «La ciudadanía debe ser consciente de que mucha de su comodidad proviene de la Amazonía»

Miluska Carhuavilca: «La ciudadanía debe ser consciente de que mucha de su comodidad proviene de la Amazonía»

Amazonía viva. Miluska Carhuavilca, es coordinadora de la Plataforma para la Gobernanza Responsable de la Tierra, una iniciativa creada con impulso de la International Land Coalition – ILC, que reúne en el Perú a 8 instituciones que trabajan en temas relacionados a la gobernanza de la tierra. Este espacio busca promover los derechos de las personas que viven de la tierra, como campesinos, agricultores familiares, mujeres y pueblos indígenas. “En la Amazonía, existen 51 pueblos indígenas y estamos trabajando porque sus tierras sean aseguradas a través de reformas normativas y también a través de la titulación de comunidades”, refiere la abogada.

¿Por qué es importante mirar a la Amazonía en un contexto de cambio climático?

Creo que es importante en dos perspectivas. La primera, porque es una de los ecosistemas más vulnerables que hay y la población que en ella vive, los pueblos indígenas, son también los más vulnerables frente al cambio climático. No solamente porque sus actividades principales y de supervivencia se ven bastante castigadas con cualquier variable climática que exista. Esto puede llegar a impulsar procesos de migraciones que pueden incrementar la discriminación en las ciudades, pero también otros fenómenos como la trata de personas y situaciones de pobreza mucho mayores. Por otro lado, tenemos que ver que los pueblos indígenas han sido los más exitosos en la gestión de sus tierras. Las actividades que se realizan en la Amazonía conviven en armonía con su ecosistema desde hace cientos y cientos de años. Podemos aprender mucho de estos pueblos respecto a cómo afrontar los cambios en el clima. También está la defensa del conocimiento tradicional que nos puede ayudar a tomar medidas respecto a lo que se nos viene.

¿Cómo impulsar este reconocimiento de los pueblos amazónicos en las ciudades?

Lo primero que debemos tomar en cuenta las personas que vivimos en las ciudades es que nosotros nos servimos de los productos y servicios de la Amazonía. Muchos descubrimientos de medicina, de alimentos, vienen de esta zona. Y, aunque se vea a la Amazonía como esa fuente inagotable de recursos de los que nos servimos, su ecosistema es bastante frágil. Es importante tener en cuenta que en y desde la Amazonía se han podido obtener muchos de los productos que pueden salvar las vidas en las ciudades. La gran biodiversidad nos permite tener todavía un gran potencial de descubrimiento que debemos cuidar.

La Amazonía actualmente está sujeta a demasiadas presiones, a demasiadas actividades que la están vulnerando, principalmente las actividades extractivas: la minería, la industria de hidrocarburos. Creo que la ciudadanía debe ser responsable y consciente de que mucha de su comodidad y de su salud, proviene de la Amazonía. No se puede ver solo como una fuente inagotable de recursos. Tenemos que ver también que hay gran conocimiento en la selva. No es una selva vacía, las culturas que viven ahí conservan un gran legado, pero sobretodo tienen derechos y como tal tenemos que respetarlos. Son poblaciones que tienen asentadas en la Amazonía, con diferentes procesos migratorios, cientos y cientos de años, muchas de estas culturas son preexistentes a la formación del Estado peruano.

Las políticas sobre Amazonía suelen dictarse a nivel nacional, ¿se debería tener otro enfoque?

Creo, y mucha gente lo ha dicho, que el Perú es un país ejemplo de leyes casi perfectas. O sea, leyes y políticas que a veces en el papel lucen como buenas, sin embargo, creo que es necesario apelar un poco más a la realidad de cada población. Yo creo que el aplicar políticas a nivel regional, además en un contexto político nacional tan movido como el que tenemos ahora, es lo ideal para poder promover cambios coherentes, específicos y más adecuados a cada región. La mirada nacional que se tiene desde el ejecutivo siempre es homogenizante. Sabemos que las realidades regionales son distintas. Creo que las políticas aplicadas de forma regional pueden ser mucho más eficaces porque conocen su realidad, identifican mejor a su población y pueden tener medidas específicas y coherentes.

Es necesario tener un diálogo más fluido con los pueblos. Por ejemplo, en temas de cambio climático, muchas de las políticas que se quieren aplicar o cambios normativos no necesariamente se están consultando con los pueblos; a veces se implementan y reciben el rechazo de la población porque no se ha consultado. La consulta previa, libre e informada tiene que ser una prioridad. Además, creo que es necesario que el Estado aprenda a identificar las necesidades de cada localidad, no solamente hablar de pueblos indígenas en general, sino tener en cuenta las diferencias que existen en cada uno. Cada uno tiene una cultura distinta, una manera de afrontar los problemas distinta y es necesario que el Estado dialogue con estas formas distintas. Evitar esa mirada general de todos son un mismo grupo, y establecer medidas específicas a las circunstancias de cada pueblo. Creo que sí, las medidas regionales e incluso locales (distritales o provinciales) podrían ayudar mucho a generar acciones que puedan contribuir a mejorar la situación de los pueblos indígenas.

En ese sentido, ¿se debería comenzar a pensar en políticas internacionales?

Yo creo que sí. Las fronteras políticas nos las hemos puesto los Estados por una cuestión geopolítica, pero la naturaleza no tiene estos límites. Y creo que esta idea de mirar por ejemplo la gran cuenca amazónica, y poder llegar a acuerdos a nivel de todos los países que la comparten nos puede ayudar a tener medidas más eficaces. Por ejemplo, uno de nuestros miembros que es el Instituto del Bien Común trabaja con esta perspectiva de paisaje a nivel de la cuenca amazónica y tiene una alianza con otras organizaciones que trabajan en toda esta zona de la Amazonía. El mapeo de los impactos, de las acciones que se tienen que tomar se hacen con todos de acuerdo; y es necesario que los países también tengan esta mirada.

Hemos mirado mucho hacia el Pacífico, y tal vez Brasil hacia el Atlántico, y como que nos damos la espalda cuando lo que tenemos en común es precisamente esta cuenca amazónica, donde hay un gran potencial de trabajo, donde hay muchas necesidades que hay que cubrir. Después de los incendios forestales que ha habido hace poco, debemos reflexionar sobre qué es lo que estamos haciendo hacia la cuenca Amazónica. La estamos viendo solamente como esta gran despensa inagotable. La gente va, tala, quema, tenemos que verla como un bioma que hay que cuidar, un ecosistema que nos puede servir para la subsistencia. Donde, además, hay gente que hay que cuidar, proteger y respetar.

¿Qué es lo que como ciudadanos podemos hacer para que los tomadores de decisión impulsen acciones?

Yo creo que lo primero es un consumo responsable. Mirarse a uno mismo y ver qué es lo que estoy haciendo con mi consumo personal o familiar. La Tierra no es una fuente inagotable de recursos y estos no llegan a las ciudades sin impacto. Yo creo que el ciudadano de Lima y de cualquier capital de región tiene que ser consciente de que cada uno de sus hábitos de consumo tiene un impacto en otra persona o en otro paisaje. En la medida en que seamos responsables de nuestro consumo, ya estamos generando un pequeño impacto. Y creo que como ciudadanos es lo que nos toca hacer. Si podemos causar el menor efecto posible a estos ecosistemas va a ser mejor.

A nivel de políticas, así como marchamos para que los congresistas se vayan o por una ley que nos pueda favorecer, también tenemos que movilizarnos para proteger la Amazonía. Es necesario que en todos estos países de la cuenca amazónica la gente despierte un poco y valore lo que tiene. La Amazonía no es solamente ese patio trasero que tenemos, que en los años 70 se decía: «hay que poblar la Amazonía porque está vacía». Hay personas y es una fuente potencial de recursos que podrían salvar nuestras vidas. Si somos conscientes del rol que tiene en nuestras vidas y en nuestra subsistencia como especie, nos podríamos hacer más responsables de nuestro consumo. Si soy más responsable, pero también exijo y me movilizo para exigir que los gobiernos de Perú y de toda la Amazonía tomen medidas que puedan favorecer su conservación y el respeto a las poblaciones que viven de ella y en ella, entonces, estaré contribuyendo.

Hay alternativas de gestión territorial integral desde los pueblos indígenas, ¿es posible en el contexto peruano?

En mi opinión, lo primero que se tiene que hacer es evaluar o analizar, cuáles son las propuestas de territorio integral. Tenemos en la Amazonía 51 pueblos y cada pueblo tiene una mirada similar pero diferente de su territorio. No es lo mismo la demanda del territorio awajún o wampis, que la demanda de los pueblos achuar, por ejemplo. Yo creo que hay matices y posibilidades también. Hay pueblos que ya se han desestructurado un poco más, como los pueblos de selva central donde hay muchas superposiciones de terceros y se ha ido quebrando su territorio. Lo primero, habría que ver es estas singularidades de cada territorio. Qué tan lejos o tan cerca estamos, va a depender de voluntades políticas. Creo que sí hay que hacer una modificación de tipo constitucional, pero entre tanto podemos ir ganando espacios. Me parece que, mientras haya voluntad política y nos podamos sentar a dialogar, se puede responder a estas demandas de una manera afirmativa, efectiva.

Creo que hay mucho rechazo a priori. Desde que se menciona “territorio integral”, los políticos y los tomadores de decisión se niegan a escuchar estas demandas y el porqué de cada una. Se pueden dar pequeños avances, uno de los primeros avances podría ser entregar la propiedad de los bosques a las comunidades. Se sigue dando cesión en uso sobre territorios que son de propiedad de las comunidades según el derecho internacional además. Son zonas que en términos de lo que dice el convenio 169 y de la CIDH, tendrían que ser de propiedad de los pueblos. Hay un camino largo todavía, nos corresponde ser empáticos, solidarios y apoyar estas medidas, finalmente están exigiendo lo que les pertenece.

Reconociendo los gobiernos que hemos tenido, ¿existiría la voluntad política?

No. Lo que hemos tenido desde el 90 son gobiernos de derecha, con matices también que finalmente ajustan sus agendas a los intereses económicos del momento. El poder que gobierna ahora es el poder económico, quien tiene el dinero tiene el poder aquí, los poderes fácticos. Entonces, en este contexto no. Pero como ciudadanos nos corresponde cambiar esto, porque no solamente estamos hablando del tema de territorios integrales, estamos hablando de muchos temas sociales en los que deberíamos estar avanzando. Hay toda una agenda que se nos está negando como ciudadanos porque hay intereses económicos e ideológicos de otro lado. Yo creo que sí necesitamos un cambio de políticas, otro tipo de gobernantes y ese cambio lo vamos a hacer los votantes, somos los que elegimos. Tenemos que ser más conscientes por quienes votamos, para poder generar también los cambios que necesitamos.

En el contexto de cambio climático, ¿podría haber una ventana para repensar la Amazonía desde la política?

Yo creo que estamos con el reloj en cuenta final. Es el momento, ahora o nunca. Tenemos que hacer un cambio, aquellas personas que se sienten seguras de que su poder económico los va a salvar de la catástrofe del cambio climático van a tener que cambiar su manera de pensar y creo que iniciativas que se promueven, como las del Mocicc o las que impulsamos desde la Plataforma son las que podrían ayudar a generar esa diferencia. Comunicar a toda la población que son necesarios los cambios, incidir en los tomadores de decisión y en aquellos que tienen el poder económico, que son necesarios estos cambios. Hay que cambiar la manera en que estamos pensando la explotación de los recursos. Porque si continuamos con esta línea no tenemos muchos años. La cuenta atrás nos la han dado, los científicos han hablado, si seguimos en este camino son nuestros días finales.